Por Daniela Medrano, Daniela Rizzo y Juliana Monguillot.

62 días de aislamiento social obligatorio: 47 femicidios reportados. Estos números nos llevan a replantearnos qué sucede. Seguramente, si no estuviéramos en cuarentena los principales portales, medios de comunicación y redes sociales portarían la consigna de #NiUnaMenos o #VivasNosQueremos.
Las alarmantes estadísticas aumentaron aún más en el contexto de aislamiento social en el marco de la pandemia por el COVID-19. Estas situaciones preexistentes de violencia de género se agravaron en este último tiempo y es un dato que no tenemos que dejar pasar.
¿A qué se debe este aumento, especialmente de femicidios, desproporcionado en relación a otros delitos como hurto o robo? ¿Qué herramientas de protección tienen las mujeres frente a la agresión? ¿Alcanza con la línea 144 para realizar el pedido de auxilio?
La respuesta es que las mujeres que viven estas situaciones de violencia de género, en muchos casos, viven con sus agresores bajo el mismo techo y no tienen dónde recurrir para denunciarlos.En muchos otros casos, que son la mayoría, la denuncia no se concreta. Esta violencia ejercida contra la mujer obedece a estructuras patriarcales, en donde la mujer es vista como un objeto maltratable y sin valor.
Las redes de contención que se habían tejido para contener a una mujer que, después de mucho padecimiento toma coraje para denunciar a su agresor, en el contexto de la pandemia no están funcionando o no lo hacen en todo su esplendor. La Línea 144 no es suficiente, tenemos que pensar en un sistema que pueda asegurar que la mujer que decide denunciar a su agresor, quede contenida y protegida.
Esto no es un tema que sólo incumbe a funcionarios, sino a todos como sociedad. Es necesario generar una política de participación que nos incluya a todos, ya que la violencia de género es transversal. La mayoría puede verlo como algo “externo”, “lejano” o “que no nos involucra directamente”, cuando no es así.
La violencia contra la mujer vulnera, al igual que el Coronavirus, un derecho fundamental: el derecho a la vida.Las mujeres están siendo asesinadas. La consiga “Quedate en casa” para ellas es una sentencia de muerte.
Ciertamente la problemática es preocupante y sabemos que cambiar las estructuras de poder no es sencillo, ni sucede de un día para el otro. Pero nosotros, como ciudadanos, podemos involucrarnos en ello y continuar con este cambio progresivo y paulatino. Es por ello que invitamos a la reflexión, a poner sobre la mesa el grave y creciente problema, a evidenciar lo que creemos que debe cambiar, a exigir mayor acompañamiento.
Tal y como escribió Eduardo Galeano: ‘’Al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo’’.